Ana Isabel

May 3, 2017

 

El patrimonio personal que he querido compartir, es una estantería con muñecas de diversos países, que he ido coleccionando desde que tenía 6 años. La primera que tuve fue una de Vietnam que me trajo mi tía, y desde ese momento cada vez que bien yo, bien uno de mis familiares viaja, les pido una muñeca típica del país al que van, y así, hasta hoy. Para mí esta estantería tiene mucho valor, ya que me encanta viajar, introducirme en la cultura del país al que voy, descubrir el idioma, comidas, tradiciones… y cada una de estas muñecas, aunque no haya traído yo todas como he mencionado antes, me evoca esos países, cada una tiene un olor, especialmente una de cuba, y si cierras los ojos y la hueles, puedes volver a ese país, o ir a él si no has estado. Son diferentes olores, a especias, cuero, algún tipo de tela…pero nunca huelen a las que puedes comprar en cualquier tienda con ese peculiar olor a plástico, estas son diferentes. La historia de cada una es también muy diversa, por ejemplo, de Marruecos hay un camello y una muñeca, los compré hace 3 años cuando viajé a ese fantástico país. Estábamos haciendo un viaje por el Sáhara, y de repente llegamos a un pueblo en medio de la nada. Fuimos a un bar, y al ver el coche una gran multitud de niños vinieron a él. Todos traían unos muñequitos hechos con hojas de palmera (En la imagen adjuntada, hay uno), que nos regalaron, y nosotros les dimos camisetas, material escolar, y algún juguete que llevábamos. Fue un momento único, y antes de irnos apareció una niña de unos 10 años con su hermana pequeña en la espalda, vendían ese camello y muñeca que antes he mencionado, se los compramos y fue un momento muy especial también, ya que según pudimos enterarnos, hacía mucho tiempo que no pasaba ningún turista, y por lo tanto mucho tiempo que no podía vender nada, y se puso muy contenta. Una última historia que quiero remarcar, es un osito de peluche de Nueva York. Ese fue mi primer gran viaje, a los 13 años. Lo hice con mi tía, mi hermana y unos amigos. Un día que llovía mucho en el famoso barrio de Harlem, salimos de una iglesia de góspel donde vivimos una experiencia inolvidable gracias a los cánticos llenos de fe y vida que realizaban los feligreses, a unos pasos de la iglesia, había una pequeña tienda donde vendían vestidos, material escolar… el escaparate estaba abarrotado, pero mi vista fue directa a este osito vestido de bombero, según pone en su caja, en memoria a los bomberos que fallecieron en el 11-S. Entramos en la tienda, y como era domingo, la familia que llevaba la tienda estaba cantando también al igual que las personas en las iglesias, lo que fue otra experiencia excepcional, por lo que ese osito tiene también una bonita historia para contar.

Como conclusión, cabe decir que esta estantería es sin duda el objeto que más valor tiene en mi vida por la carga sentimental que acompaña a cada muñeca, por cada historia que hay detrás de ella, y por cada deseo de ir al país del que proceden que aún no he visitado.

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