Ana

May 7, 2018

 

 

Durante mi infancia, mi padre viajaba mucho por motivos de trabajo, y recuerdo echarle de menos constantemente. A veces me traía algún detalle, sobre todo libros que siempre leíamos las noches que dormía en casa, pero un día de un viaje en Barcelona, cuando tendría unos 5 años, me trajo a “Pato” y desde ese día (hasta hace bien poco) he dormido con él, ha viajado conmigo, he jugado con él, siempre con un cuidado que asombraba a mis familiares y amigos.

El oso blanco, me lo regaló mi abuela cuando era muy pequeña. Y no me he separado de él ni un momento desde ahí hasta que tuve al menos 12 años. Recuerdo que me enfadaba con mi madre cuando quería lavarlo (ya que se ensuciaba muchísimo) porque no quería que lo pasara “mal” dentro de la lavadora. Cuando murió mi abuela creo que el vínculo (que ya era grande) creció, y aunque alguien puede pensar que es vergonzoso, sigo durmiendo con él y no me avergüenzo de ello, a veces incluso le hablo o si se cae al suelo, lo recojo rápidamente.

Creo que ambos peluches han marcado mi infancia, ya que “representan” a dos personas muy importantes para mí. Siempre los tendré conmigo, los cuidaré, y trataré como siempre he hecho, por los recuerdos que llevan dentro, y por las personas que tienen con ellos.

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