Isabel

May 7, 2018

 

Este objeto para mí es de vital importancia. Fue el regalo de mi pareja hacia mí por mis 18. Va más allá que un simple regalo, ya que, tiene una historia detrás:

Tres días antes de mi cumpleaños yo volví de un viaje con mi familia a otra comunidad y quedé con mi pareja; estuvimos la tarde juntos y al volver cada uno a su casa no hubo ningún problema. Al día siguiente, fui a su casa y él estaba tumbado en la cama y yo sentada en una silla, le sonó el teléfono y me dijo que contestara a su amigo, al entrar en la conversación los mensajes anteriores eran en los que quedaban para ir a casa de mi pareja uno de los días que yo estuve fuera. El problema viene en que yo le pedí cuando me fui que no hiciera fiestas en casa (no que no saliera, eso me daba igual, simplemente hice una petición). Ese día le pregunté que si iba a salir de fiesta, me contestó que no, que se quedaba en casa solo, le dije que hiciéramos Skype y me contestó que no podía porque no le funcionaba el router de casa. Me mintió. Para mí, la mentira es lo peor de todo. Cuando lo descubrí dejé el teléfono encima de la mesa y me marché sin mediar palabra a un banco sola. Cuando me encontró se lo dije y me contestó que lo habría imaginado, me dio el teléfono y estaba todo borrado. Reinstalé la copia de seguridad y ahí estaba todo, lo había borrado y me estaba mintiendo a la cara, estaba yo delante de él llorando y todavía era capaz de mentirme. Después de discutir, decidí poner fin a nuestra relación. Seguimos hablando durante varias horas y lo “arreglamos”. Después de arreglarlo volví a descubrir más cosas borradas que hizo la noche que vine, irse a casa de un amigo a ver una peli diciéndome que se iba a dormir. El problema viene en la mentira, si me hubiera dicho la verdad no hubiera pasado nada. Volvimos a discutir, me prometía que no iba a volver a mentirme, pero eso también lo había prometido antes y me había vuelto a mentir. No podía fiarme de él. Aun así, igual soy tonta, pero le di una segunda oportunidad. 

Al día siguiente él me compró el oso de peluche (es de tamaño gigante, mide 1.4 metros). Me lo compró debido a que puse un tweet diciendo que lo quería. Para mí fue un gesto de interés por mí muy grande, el mensaje dice “aunque a veces discutamos como idiotas siempre te querré más que a nada en este mundo”. Me hizo llorar, fue un impacto positivo en mí y en nuestra relación (que hoy sigue). El mensaje hace referencia a la discusión de la que he hablado.

No podría perder ni el oso ni el mensaje, de hecho, no he quitado ni la etiqueta del oso, no la quiero tocar. Si alguien me tira ese oso y me regala otro igual, no tendría el mismo sentido ni significaría tanto para mí. Cuando alguien como mi hermana lo toca, me da mucho miedo que le pueda romper o dañar. Es irremplazable.

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