Miriam

May 7, 2018

 

Este trozo de papel no es un trozo de papel cualquiera. Se trata de una dedicatoria que me hizo mi abuela, pocos meses después de que la diagnosticaran Alzheimer.

Tenía yo 12 años. Estaba en el colegio y al ser los últimos días de clase, nos pedíamos dedicatorias entre los compañeros de la clase para no tener un recuerdo cuando cada uno nos fuéramos a institutos diferentes. 

Recuerdo que me hacía muchísima ilusión ver las dedicatorias de mis compañeros y por ello, ese mismo día, cuando llegué a casa a comer la pedí a mi abuela que me hiciera una dedicatoria. Ella al principio me miró perpleja, pero al cabo de unos segundos, comenzó a escribir. Sentía mucha curiosidad e intriga por saber que era lo que ella me había escrito por lo que nada más terminó de escribir, cogí la hoja y fui a mi habitación a leerlo.

Al principio no entendía muy bien la letra y fui a preguntarla a mi madre lo que ponía: “Andrea es muy buena”. Yo no entendía nada y me quedé sorprendida de que no hubiera puesto mi nombre. En ese mismo momento, fui a la cocina a preguntarla como me llamaba y no supo que responder, me miraba a los ojos, pero no decía nada.

Después de aquello fui a hablar con mi madre y a preguntarla si ella sabía el significado de esa frase y me dijo que podía ser porque mi abuela solo recordaba cosas de hace ya unos años, de cuando cuidaba a una de mis primas, Andrea. En ese mismo momento entendí todo. 

La enfermedad del Alzheimer avanza muy rápido y ella fallece. Ese día, ese momento, ese trozo de papel, es el último recuerdo suyo que ella me regaló, por ello, este es mi patrimonio.

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