Elvira P

May 25, 2018

 

Una bicicleta antigua, de las que no tienen marchas. Con la que subir una cuesta requiere incluso más esfuerzo. Esta bici, me hace sentir libre y despreocuparme de todo cuanto me rodea cada vez que decido perderme por los caminos mientras pedaleo.

Montar en bici siempre ha sido una de mis mayores aficiones. Me relaja y me llena de vida. Me permite estar en contacto con la naturaleza, olvidando por un momento que estamos en el siglo XXI rodeados de edificios, móviles, ruido y estrés, mucho estrés.

En este caso la sensación es todavía más especial. Esta bici era de mi abuelo. 

Todavía recuerdo las primeras veces que empecé a coger su bicicleta. Tan solo era una niña y siempre me recordaba que debía tener cuidado. Su sonrisa me decía que le hacía ilusión verme tan entusiasmada con la idea. Al volver, le comentaba emocionada hasta donde había llegado y sorprendiéndose me felicitaba por ello. 

 

Ya no sé contar las veces que he emprendido un pequeño viaje con esta bicicleta. Una bicicleta que, para el resto, tan solo será una más, una bicicleta antigua, de las que no tiene marchas, con la que subir una cuesta requiere incluso más esfuerzo. Pero que, para mí, es la bicicleta más elegante y que más orgullosa me hace sentir.

Tan sólo una bicicleta, pero tantas emociones.

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