Esther

March 26, 2019

 

 

 

Quizás unas simples zapatillas... Unas sucias, viejas y rotas playeras para tirar a la basura. Pero yo, yo no colecciono copas ni medallas ¿para qué? ¿para tenerlas colgadas y quitarlas el polvo? Lo que sí colecciono son recuerdos. Porque no hay nada más valioso que todos esos momentos vividos con mi equipo, cumpliendo sueños inimaginables, llorando de alegría y de tristeza, trabajando duro, muy duro en cada entrenamiento, ganando partidos, aprendiendo de las derrotas... Un sinfín de momentos inolvidables en los que siempre, siempre, siempre hemos estado unidas.

Y, de repente, llega el peor momento que jamás pude imaginar, el momento de la despedida. ¡Y qué difíciles son! Fueron nueve años, nueve años en los que el polideportivo El Ferial se había convertido en mi segunda casa, y todas y cada una de mis compañeras y entrenadores en mi segunda familia. Porque allí, tras seis años, un 28 de septiembre de 2008, cumplí el sueño de mi vida, el sueño de cualquier niña desde el primer día que toca un balón de voleibol; porque allí me han visto crecer, me han hecho mejor persona; porque allí he sido la niña más feliz... Porque con esas sucias, viejas y rotas playeras jugué la última vez. Salí llorando, pero salí pensando que no era un adiós, sino un hasta luego. Volveré.

 

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