Laura D

May 7, 2020

 

Sí, se trata de dos muñecas.
Pero seguramente no son dos muñecas cualesquiera, y por eso puede 
resultar raro a primera vista.

No son las típica “Nenuco” o una preciosa muñeca que parece saca de una 
tienda de antigüedades. Y sí, son negritas. Un color que parece raro, 
¿no?

Una de ellas ni siquiera es mía, es de mi hermana mayor; pero siempre 
irán -e iremos- juntas y permanecerán unidas. Desde aquella tienda en 
pleno paseo marítimo de una ciudad de costa, en la que las vimos por 
primera vez, hasta nuestra casa, pasando por Madrid y allá donde acaben 
en un futuro.

Infancia, juego, ternura, imaginación, crecimiento… Son muchas las 
palabras que se me vienen a la cabeza al verlas. Han formado parte de mi 
vida, de mi niñez, de horas y horas de juegos imaginando que eran 
reales, que había que cuidarlas, enseñarlas o curarlas si se ponían 
malas.

Sí, son dos muñecas, pero no son cualquier muñeca. Tienen un significado 
y una importancia para mí. Me han acompañado a lo largo de mi vida y me 
han servido para crecer en todos los sentidos.
Mi abuela decidió comprárnoslas cuando yo tenía seis años, como un 
pequeño regalo durante unas vacaciones de verano en la playa. Y desde 
entonces mi hermana y yo las guardamos, siguen siendo especiales y me 
siguen recordando ese momento y ese lugar como si fuera ayer mismo 
cuando pasó.

Dos muñecas, pero algo más que dos simples muñecas.

 

 

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