María C

May 8, 2020

 

Hace ya 9 años desde que mis padres decidieron invertir una gran cantidad de dinero en lo que, en aquel momento, era el hobbie preferido de su hija y que después pasaría a ser mucho más. Durante varias semanas me pasaba por la tienda todos los días a ver los progresos y las novedades que iban sucediendo en su montaje. Algunos días eran decepcionantes, todo el proceso estaba parado, no veía el día de poder utilizarlo.

Por fin me lo llevé a casa, empecé a estudiar y tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Finalmente, conseguí mi objetivo y mi vida cambió por completo. Conocí mucha gente nueva y, sobre todo, descubrí el verdadero significado de algunas de las palabras que me representan hoy en día: disciplina, esfuerzo, paciencia, tesón y pasión.

Cada día que acudía a clase tenía un poquito más claro que aquel mundo era el que realmente me gustaba. Un mundo diferente que no todos conocían y valoraban. Mucha gente no entendía por qué dedicaba tantas horas a aquello o por qué madrugaba los fines de semana para poder quedar con mis amigos, ni siquiera mi propia familia. Aun así, decidí seguir el camino que mi corazón me marcaba y seguí trabajando en lo que realmente me gustaba, la música.

A día de hoy, este instrumento se ha convertido en mi compañero de vida más fiel. Con él paso la gran mayoría de mi tiempo incluso, a veces, más del que me gustaría y es, sin duda, el que me aporta las emociones más intensas. Parecerá surrealista que “un trozo de madera y unas cuerdas de metal” puedan aportar tantísimo a la vida de alguien, pero…hay que vivirlo para poder sentirlo. Es por todo esto que se ha convertido en el bien más valorado de mi patrimonio personal.

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