Alejandro A

May 11, 2020

 

“Siguiendo hacia arriba por la calle Real llegaremos hasta la plaza oficialmente intitulada Juan B. Varela (un ingeniero que trabajó en la presa del embalse), pero que todo el mundo la conoce como plaza del Hospital, por hallarse en ella el antiguo hospital de peregrinos (ahora tiene la fachada muy alterada, pero se aprecia el ladrillo viejo de la época). Ahora reconvertido en viviendas particulares, cuyos propietarios me mostraron amablemente el zaguán empedrado, donde se conserva un viejo organillo”

                  Estas líneas son de un blog* que habla de mi casa familiar a la vera del Duero vallisoletano. Miremos la foto.  El organillo** es un símbolo de toda la familia de los Díez Díez. Está misteriosamente abierto por un hueco de la tapa, como si dejara escapar por ahí toda la Historia de Castilla y de mi sangre ligada a esa casa. Como si asomaran desde su interior de tambor,  macillos y cuerdas los monjes Sanjuanistas del Medievo,  Quiterio, mi bisabuelo viticultor, pudiente en el siglo XIX y arruinado después por la filoxera; Luisa, mi abuela coraje, que crió ella sola 9 hijos desde en  los abismales años 30 del siglo XX., -para ello abrió una tienda de tejidos cuya entrada estaba en ese zaguán-; Luis, mi tío el que compró el organillo para los bailes del Casino ubicado en la misma casa en los 40. Asoman parcialmente en la foto la Inmaculada y la mirada del Sagrado Corazón, como en una fotografía onírica. Coraje, sudor, lágrimas y bailes, espíritu, religión… Pura Historia de España entretejiendo mi memoria, mi biografía, mis arquetipos.

                  Cuando emigré un día, mi alma siguió -sigue, seguirá- orbitando alrededor de ese zaguán, también sembrado actualmente de las fotos del ayer. Mi portal empedrado donde vivía ese Patrimonio, el cual fue, era, es y será mágicamente tocado por las manos de mis familiares coetáneos y especialmente de  Carmina y Alejandro, mis padres, quienes atesoraron en sus corazones los veneros más prístinos y las tradiciones más nobles del Patrimonio inmaterial de las que han ido nutriendo a quienes las han prestado oídos sabios en las Españas.

                  El bloguero habla de la Plaza del Hospital aunque en realidad nadie la llama así, sino la Puerta el Hospital y esa precisión nos apunta a que la ubicación exacta del Hospital medieval pudo no ser  mi casa, sino estar en el entorno. Sin embargo, la ubicación geométrica de mi centro di gravità permanente está en esos dos corazones, que volaron a la vez, y que ya son Uno.

 

* https://jesusantaroca.wordpress.com                 

** En casa siempre se llama “el manubrio”

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